Dios mercado y conspiranoia

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Hace 4 años y pico, en los albores de la recesión, mi jefe, en uno de mis trabajos, me contó una historia sobre un amigo suyo, ingeniero, recién titulado, al que le habían encargado el diseño de los stands de algún evento en IFEMA o similar, el entramado eléctrico, la iluminación,… Su superior le pidió quedarse un día más, previa entrega de un sobre con suculentas bonificaciones de concepto desconocido. Incluso puso a su disposición lujosos hoteles, restaurantes, vuelos y diversas actividades nocturnas (las cuales comprometerían su domingo si fuese católico practicante) por la incomodidad de currar un día más. El amigo de mi jefe rechazó la bonificación, pero le expresó su preocupación acerca de todo el dinero que estaba rechazando, acerca de dónde iba a parar, de dónde salía,… Le expresaba su preocupación acerca del porvenir de su carrera si no salía de la LISTA NEGRA DE LOS HONRADOS (expresión exacta escuchada a Enrique Pastor, personaje de un político de principios y carrera estancada, interpretado por José Luis Gil en La que se avecina).

Tal vez la historia de mi jefe estaba hiperbolizada, puede ser, pero todo aquello me hizo preguntarme si aquella máxima, casi conspiranoica, de que estamos gobernados por psicópatas no era verdad. Lo verdaderamente conspiranoico sería pensar que, por ejemplo, desde el siglo XIX se crearon las condiciones para que alguien sin remordimientos, vil, sin ningún principio, tenga facilidad y ventaja para acceder a ámbitos de adopción de decisiones. Lo conspiranoico sería redactar una entrada de blog advirtiendo como se está dotando de mérito esa ausencia de remordimientos; al fin y al cabo, un hombre que se despoja de su moral, de su empatía por ascender en esta sociedad enferma es un hombre hecho a sí mismo, como Gates, como Ortega. Lo verdaderamente conspiranoico sería pensar que desde entonces se ha utilizado la potencia armamentística de los Estados, los medios de comunicación, el entretenimiento, la represión,… para salvaguardar ese orden, para que sea inaceptable a ojos de la mayoría de la sociedad subvertir dicho orden. Lo verdaderamente conspiranoico sería pensar que el desmantelamiento del Antiguo Régimen sólo supuso una muda consciente y premeditada de unos privilegios a otros con más posibilidades, pero que no subvirtió el orden real subyacente: una suerte de Viejo Orden Mundial. ¿cuán conspiranoico se debe ser hoy?

Se ha producido una muda desde un mundo imbuido por el dios bíblico a otro impregnado del dios mercado. Una muda de un ámbito -el religioso- que se empezaba a someter al orden civil, hacia otro que se resiste a ese sometimiento. Es blanco y está en una botella de cristal. De hecho mi libro de Fundamentos de Ciencia Política I no dice lo que para muchos de nosotros es una obviedad cuando hablamos de democracia: la economía tiene que estar supeditada a control político y la política debe rendir cuentas a los ciudadanos. No sólo no dice eso, sino que va más lejos, exponiendo que para que una democracia sea considerada como tal debe existir libertad económica, es decir, no someter a la economía a ningún otro principio o poder, el Estado sólo debe corregir las consecuencias desagradables que produce el mercado, nunca prevenirlas. Se demoniza el concepto de igualdad de resultados (URSS) y se contrapone al de equidad (justicia para el autor de mi querido manual). URSS vs justicia. Nice trick.

Se ha producido una muda, en efecto, pero no ha implicado acabar con el orden de dominación, ese que expresó Marx en forma de relaciones de producción. Al fin y al cabo, igual que un ateo era expulsado de la vida pública en otros tiempos, ¿no opera un entramado de corrupción de la misma manera que la economía global actual?, esa que demanda integración a escala mundial, expulsando del cortijo a aquel que no traga. El mundo es una descomunal Iglesia que fabrica creyentes. Creyentes en el dios mercado. ¿No es el entramado de corrupción que vislumbraba mi jefe, que leemos en los diarios, que nos dejan atisbar (con frases lapidarias) en series de entretenimiento de masas una suerte de capitalismo perfecto, sin moral, basado exclusivamente en el libre acuerdo entre personas, con una capacidad de persuasión materializada y tasada en forma de dinero?.

Volviendo al origen, leía el otro día en El País, que en 2014 se les va a empezar a exigir a los ingenieros un perfil comercial. Así que, a riesgo de parecer demasiado conspiranoico, desde aquí mi más sincera recomendación de cuidar donde pisamos y observar los artefactos que cuelgan sobre nuestras cabezas, a ver si va a pesar más el perfil comercial de reducir costes en detrimento de la calidad, o el de aceptar bonificaciones de ciertos proveedores, que el perfil técnico y científico. 

Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para el pueblo el más sagrado e indispensable de los deberes
maruleti:

Actualidad española. Rajoy y sus recortes.
Texto del dibujo: “No subiré el IVA, no subiré los impuestos, no recortaré en sanidad ni educación, blablabla”
—————————
Spanish news. President Rajoy cuts back.
Drawing text: “I will not increase VAT, no more taxes, I will not cut back in public health or in education, blah, blah, blah”

maruleti:

Actualidad española. Rajoy y sus recortes.

Texto del dibujo: “No subiré el IVA, no subiré los impuestos, no recortaré en sanidad ni educación, blablabla”

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Spanish news. President Rajoy cuts back.

Drawing text: “I will not increase VAT, no more taxes, I will not cut back in public health or in education, blah, blah, blah”

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El fin justifica los medios

El otro día comentaba con un amigo la remota posibilidad de que buena parte de los individuos que, estos días, logran llegar a posiciones de poder, de responsabilidad o de jerarquía, sean una suerte de cuasi-psicópatas sin remordimiento alguno por las consecuencias de las medidas que ponen en funcionamiento para alcanzar su ansiado objetivo final.

Ahí tenemos a Maquiavelo y su literatura que sugiere todo el tiempo, sobre todo en “El Principe”, aquello de el fin justifica los medios. ¿Hasta que punto se puede estar de acuerdo con esa afirmación?, sin lugar a dudas, a primera vista, parece ser la coartada de un ser despreciable para justificar sus fechorías. Podríamos incluso estar contemplando posibilidades como matar personas, cometer saqueos, engaños, desfalcos, tráfico de influencias,… para alcanzar nuestra meta final.

Hay una sensación generalizada que proviene casi desde el sentido común de la sociedad de que el fin justifica los medios es una afirmación inaceptable. Sin embargo, si releemos el párrafo anterior, ¿No es exactamente el estado de la política mundial estos días?.

Tenemos a Mariano Rajoy incumpliendo, uno por uno, todos sus compromisos electorales y, dando explicaciones a través de pantallas de televisión. Y estas explicaciones ¿qué vienen a decir?, ¡bingo!, que el fin justifica los medios, que la situación es tan desastrosa que si queremos salir hay que apretarse el cinturón. Tenemos a Christine Lagarde , directora del FMI, y responsable última de numerosas -y más que dudosas- medidas para salvar economías nacionales. El último ejemplo lo tenemos en Chipre y el inaceptable acoso que ha sufrido la última semana. La misma semana, por cierto, que los gendarmes franceses registran su casa por estar acusada de mediar para que un empresario francés cobrase una indemnización multimillonaria. Pero, claro, el fin justifica los medios.

Y mientras tanto el corralito llegaba a Europa. De nuevo el FMI está dispuesto a ayudar,como ya lo hizo en América del Sur y, mágicamente, surge un corralito. parafraseando a Chávez, aquí huele a azufre; lo que está ocurriendo no es prestación de ayuda, es venta de alma. Todo lo ocurrido en Chipre esta semana ha sido vomitivo, ha sido como un cerco bélico de toda la vida, pero maquillado y vergonzosamente escenificado entre la UE, el FMI, el BCE, Rusia,… después de todo, el fin justifica los medios. Sobre todo, tengo grabado en la cabeza la salida de un coche oficial de una emisaria de la troika y su manera de andar altiva y llena de placer, como una dominatrix caminando sobre el torso de sus esclavos, el pueblo chipriota. 

Esta última analogía me hace volver al principio, a la hipótesis de estar gobernados -y dominados- por psicópatas. Es una afirmación demasiado alegre, es cierto. Pero ¿quién puede estar más interesado en que suene peligrosa y parezca atentar contra un sano Estado de Derecho esa afirmación de el fin justifica los medios?… Yo estoy convencido, sobre todo, aquel que sistemáticamente pone en práctica dicha afirmación. Y aquel no es otro que el que está en posiciones de poder, de responsabilidad y de jerarquía.

El fin de la clase dominante si justifica los medios. El fin de la clase dominada -¡por Dios!- no. La clase dominante crea una esfera de moralidad en la que entramos el resto, pero en la que no entran ellos. Nosotros hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y nos hemos endeudado irresponsablemente, ellos no. ¿Que algunas personas han resultado endeudadas por medio de prácticas bastante dudosas (como vender participaciones preferentes a discapacitados)? No pasa nada, más allá de que el fin justificaba los medios, además, se os ha dejado jugar a ser clase dominante y vuestra ignorancia nos ha llevado al abismo… para que veáis que sois inferiores…

Este es el concepto clave. El dueño de una pistola que fomenta el abandono de las armas. Maquiavelo anticipó ya en 1513 el modo de hacer política en 2013. 5 siglos exactos después. Cualquier acción del pueblo que sea dificil de justificar está, por tanto, justificada coyunturalmente, ya que, el marco ético del sistema está siendo puenteado por la clase dominante. El pueblo nada más -y nada menos- necesita ponerse de acuerdo en un fin que justifique sus medios…

Como bien dijo el gran revolucionario, Maximilien Robespierre: ¿Hasta cuándo el furor de los déspotas será llamado justicia y la justicia del pueblo, barbarie o rebelión?

Ich bin ein… desclasado

Un desclasado. Eso es lo que en algún momento me di cuenta que era. El diccionario nos dice que un desclasado es aquel individuo que carece o ha perdido conciencia de clase social. La primera vez que reflexioné acerca de este concepto fue gracias a Lucía Muñoz, AKA Filósofa Frívola, una auténtica inspiración y ejemplo de formidable redención ideológica.

Marx, ese barbudo del que nos habían hablado en un par de clases de Historia del instituto (como padre de un sistema utópico y, por tanto, injusto e insostenible en la práctica, nos decían…) es uno de los autores que más ahondó en el concepto de lucha de clases. Marx mantuvo que la historia de todas las sociedades hasta la fecha había sido la historia de la lucha de clases; y definió esta lucha de clases como “motor de la Historia”, aquello que produce progreso.

¿De qué manera, entonces, un buen grupo de personas podría haber perdido o, lo que es más grave, haber nacido carentes de la conciencia de pertenecer a una determinada clase social?

Antes de comenzar a elucubrar posibles respuestas o acercamientos me parece acertado recordar a Francis Fukuyama. Fukuyama es un politólogo estadounidense de origen japonés, habitualmente ligado a los planteamientos neocon. En 1992, Fukuyama, publica “El Fin de la Historia y el último hombre”, una obra que, tomando contenidos de un ensayo anterior del mismo autor, sentencia, torpe e ingenuamente, que la Historia ha terminado. La Historia, entendida esta como lucha ideológica, ha llegado a su fin. Tras el fracaso de la URSS, interpretado por Fukuyama como fracaso de las ideas comunistas, la democracia liberal queda, pues, como única opción posible. En otras palabras, el motor de la Historia se detiene, Fukuyama abiertamente considera que las ideologías ya no son necesarias y pueden ser sustituidas por la economía (creo que nos suena un poco ¿no?), el individuo puede satisfacer sus necesidades a través de la actividad económica y no necesita guerras, revoluciones, ni afiliarse a ninguna línea ideológica determinada. De los textos de Fukuyama también se extrae que el modelo estadounidense dominante es una suerte de paraíso marxista (WTF?!), en cuanto a la supuesta concepción de una sociedad sin clases.

Por muy cuestionables que puedan resultar ciertas afirmaciones de Fukuyama (por ejemplo: que la actividad económica sea el único cauce capaz de satisfacer necesidades, ¿no es eso en sí mismo una suerte de ideología, que puede -y de hecho consigue- dar lugar a su antítesis, reactivando la lucha ideológica?), es cierto que arrojan bastante luz acerca de la existencia de gente como yo: desclasada. 

La coartada principal que legitima que Fukuyama mantenga que la Historia ha llegado a su fin no es otra que la caída del comunismo. No sería de extrañar que EEUU como bando victorioso de la Guerra Fría y nuevo líder del mundo sin oposición, se hubiese planteado parar el motor de la Historia. Ese es el concepto clave. Una nueva tentativa de dominio global, y para conseguirlo había que convertir el capitalismo, o la democracia liberal de Fukuyama, en incuestionable. El capitalismo no es una postura, debe ser el marco dentro del cual si que se dan distintas posturas, que pueden ser votadas por sufragio universal, pero que nunca derrocan el sistema general del mundo. ¡Ah! y es importantísimo teñirlo todo de libertad, de democracia, de igualdad de oportunidad, de globalidad, de estado de derecho,… El sistema debe ser incuestionable y aquel que lo cuestione debe despertar miedo, extrañeza, rechazo…

Otro aspecto importante es el pacto social keynesiano. ¿Qué es esto? básicamente viene a ser el abandono por parte del proletariado del ideal revolucionario a cambio del tan mencionado Estado del Bienestar. Tal fue su éxito que amainó los ánimos del proletariado occidental, es decir, las clases bajas empiezan a estar contentas con su status, hacen planes de vida, tienen esperanzas, tienen ilusiones que, además, pueden ser satisfechas.

Con el paso del tiempo la clase trabajadora empezó a olvidar su conciencia de clase, hasta tal punto, que las generaciones más jóvenes nacían sin que la conciencia de clase tuviese lugar alguno en sus cerebros, por mucho que hubiesen luchado sus padres. La clase dominada ya no quería convertirse en la clase dominante; por el contrario, cada miembro de la clase dominada aspiraba y soñaba con pasar a formar parte de la clase dominante ya establecida, y esta, era una aspiración fundamentalmente individual (o familiar). Esto trae al frente el concepto de individualidad y competencia dentro de la clase.

Mientras la clase dominante resulta fortalecida por la competencia y la lucha entre individuos y familias, la clase dominada se ve debilitada por ese tipo de comportamiento. El mercado -supuestamente libre- es el árbitro, y ante unos participantes que luchan individualmente por sus propios intereses, es obvio, terminan ganando los que más recursos económicos poseen. La búsqueda del beneficio individual es el mantra de este sistema que ha acabado con la Historia y esto es infalible para la clase dominante. Infalible porque cuando la clase dominada intenta mejorar aplicando ese mantra y siguiendo los cauces con los que han sido adoctrinados, es decir, acudiendo al libre mercado con la intención de progresar; lo único que consiguen es fortalecer aún más a la clase dominante.  

En este escenario, con una buena parte de la clase dominada que ha sido apartada de la industria y la agricultura, y llevada al shangri-la del sector servicios (la hoz y el martillo no tienen sitio…), que además está más o menos contenta con su pacto social, y los que no lo están, andan desanimados por una brecha con la clase superior que parece insalvable siguiendo los únicos cauces aparentemente posibles (cauces que cuando son utilizados sólo ensanchan dicha brecha), y una vez las ideas marxistas, comunistas y de defensa de los trabajadores quedan olvidadas y marcadas por la caída de la URRS; la clase dominante, fundamentalmente cercana a los ámbitos financieros y económicos, puede tranquilamente sustituir y reformar el pacto keynesiano ya que su oposición es inexistente o muy débil. Y la socialdemocracia, dicho sea, ofrece un nuevo ejemplo de como no poner demasiados obstáculos a los intereses de la clase dominante.

Pues, de esta manera, de repente, un día te levantas y te das cuenta que eres un desclasado. Y, como buen desclasado, caes en la cuenta de que tienes una clara desventaja intelectual en todos esos campos que ahora, de repente, se ven indispensables: la Política, la Filosofía, la Historia,…

La Política nunca me interesó, realmente siempre fue tremendamente atrayente despreciarla, considerar que no era importante, considerar que no era para mí. Siempre me sentí cercano a la izquierda, sin embargo. Más por azar espacio-temporal que por reflexión introspectiva. Soy de una de las zonas más pobres de Madrid. La izquierda era mi equipo, pero eso no quería decir que fuese socio o abonado, ni siquiera quería decir que tuviese interés ninguno en ver el partido o entender las reglas del juego. 

Ese era mi yo desclasado. Buscando la satisfacción individual. Al fin y al cabo era para lo que había sido programado. Hasta que un buen día, enfrenté la cruda realidad a la que muchos otros se han enfrentado antes: no vas a tener éxito. En otras palabras, no iba a lograr jamás pertenecer a la clase dominante. ¡Horror!, de repente me veo a mi mismo llevando una vida sin importancia en un mar de vidas sin importancia… Jamás iba a ser uno de ellos, ninguno de nosotros lo íbamos a ser, pero ¿quién son ellos?, ¿quién somos nosotros?… ¡BINGO!